A punto estuvo de detenerse la batalla con carácter casoi definitivo cuando Somirel, único vástago del comandante en jefe de los reptilianos en el Sistema Solar, cayó enamorado de la joven Acaralia, tercera de los hijos de Akram, afable ganadero y a la postre hombre del sendero, que fue señalado por A. Epícteto como guerrero de la Luz después del último concilio intergaláctico entre Andromedianos y Draconianos.
La dulce Acaralia concedió, en un principio, en establecer relaciones con el hijo del acérrimo enemigo de los de su raza, pero éste se sintió odendido por un inocente gesto suyo, en el que regalaba un diente de león a un joven trovador al que se encontró junto a la fuente esmeralda, en Extremadura...El atormentado Somirel abandonó entonces su vocación de mediador en la batalla y todos sus sentimientos de simpatía por la humana condición y pasó a convertirse (con gran satisfacción por parte de su progenitor) en capitan de las fuerzas reptilianas, al mando del decimooctavo ejército siderotransportado de las fuerzas reptilianas en el hemisferio Sur...
